El capitalismo salvó a los mineros
11:39
Publicado por Andres Marquina
La dinámica Ganancia = Innovación estuvo presente en el sitio de rescate. Hay que decirlo. El rescate de los mineros chilenos es una victoria aplastante para el capitalismo de libre mercado. Um, si. Esa es una caricatura de la idea básica, pero en esencia eso es lo correcto. Pregúntenles a los mineros. Si esos mineros hubieran estado atrapados 600 metros bajo tierra hace 25 años en cualquier lugar del mundo, hubieran muerto. ¿Qué fue lo que sucedió durante los últimos 25 años que hizo la diferencia entre la vida y la muerte para esos hombres? Respuesta breve: el taladro de Center Rock. Esta es el milagro que taladró hasta llegar hasta los mineros atrapados. Center Rock Inc. es una compañía privada de Berlín, Pensilvania. Tiene 74 empleados. La plataforma del taladro es de Schramm Inc. en West Chester, Pensilvania. Al ver el desastre, el presidente de Center Rock, Brandon Fisher, llamó a los chilenos para ofrecerles su taladro. Chile aceptó. Los mineros están vivos. Respuesta larga: El taladro de Center Rock, que hasta el momento no aparece en sitios web tales como Engadget o Gizmodo, es de hecho una resistente pieza de tecnología desarrollada por una pequeña compañía, que hace el trabajo por dinero, por ganancias. Es por eso que realizaron innovaciones en el campo de barrenado en orificios con martillo. Si tienen ganancias, pueden hacer más innovaciones. Esta dinámica ganancias = innovaciones estuvo muy presente en la mina chilena. El cable de alta resistencia que se enroscaba sobre la gran polea en esa simple plataforma proviene de Alemania. De Japón provenía el cable fibra óptica súper flexible que enlazó a los mineros con el mundo exterior. Una notable historia publicada el 30 de Septiembre sobre todo esto en el Journal escrita por Matt Moffet fue un compendio de las cosas asombrosas que aparecieron en el desierto de Atacama desde las distantes esquinas del capitalismo. Alguien resentirá de estas triunfalistas afirmaciones a favor del capitalismo de libre mercado. ¿Porqué hacerlas? dirán. Esta es la razón. Cuando una catástrofe como ésta ocurre –otras que se nos vienen a la mente son la explosión de la plataforma de BP, el huracán Katrina, varios desastres en China- un gobierno apuesta todas sus fichas. Chile sale avante (se reconstruyó a velocidad fenomenal luego del terremoto de Febrero). China lucha por mantenerse a flote. Dos administraciones en los EEUU dejaron al público en ascuas mientras tropezaban con los desastres. Aún así, lo que entiende la clase política es que todos estos desastres desaparecen eventualmente, y que la vida en una nación desarrollada vuelve a una normalidad tolerable. Si la administración de Obama se rehúsa a firmar tratados de libre comercio con Colombia, Corea del Sur y Panamá, no hay mucho problema. Sólo es política. Pero tal cosa no es cierta. Tener la economía de una nación en buen estado es hoy más importante que en cualquier otro momento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Chile, Colombia, Perú y Brasil se están distanciando del resto de sus desventurados vecinos sudamericanos. China, India y otros simplemente están copiando o comprando los logros de Occidente. Los EEUU tienen un gobierno guiado por una mentalidad obsesionada con los “millonarios” que ganan más de 250 mil dólares al año, y dado a burlarse de “nuestra fe ciega en el mercado”. En un mundo rápido lleno de naciones con intenciones de ponerse al dia o de pasarnos, este camino político es una pérdida de tiempo. Traducido sin autorización del Wall Street Journal. Artículo original: online.wsj.com
Por: Daniel Henninger para WSJ
Frase del dia...
14:18
Publicado por Andres Marquina
"Soy habitante de ese punto en lo oscuro, vivo en ese pequeño lugar donde la racionalidad se acurruca."
Franklin Brito... ¿Un ejemplo a seguir?
7:20
Publicado por Andres Marquina
Igualmente humanos…
17:38
Publicado por Andres Marquina
Carta a un padre por Ricardo Arjona
15:29
Publicado por Andres Marquina
Ahí serías, por primera vez, el Profe a tus apenas 19 años; pero, además, el rey de la serenata y la bohemia; el principe del billar y el enamorado de la vida y las mujeres hasta que doña Mimi te marcó las reglas del juego. Yo ya te admiraba y me faltan años para nacer. A veces llegué a pensar que en el banco de niños soborné a algún ángel de poca vocación para que me brindara el milagro de poder ser hijo de alguien tan extraordinario como vos. De lo contrario, cómo explicar tantísima suerte. Te enamoraste de Mimi y nacieron mis hermanos, y cuando parecía que la cosa se quedaba así, el ángel corrupto se aprovechó de una noche de descuido y tuviste un accidente al que después llamarías justamente como vos, yo. ¿Te acordás cuando vacié la alcancía de mi hermana para dedicarme a las apuestas del billar? Con apenas 13 años, yo ya me codeaba con los adultos en el sitio aquel y cuando me descubrieron te esperé en la sala para recibir el castigo que me merecía. Entraste despacio, me viste y me dijiste con voz calmada: “Ponete zapatos, que vamos a salir”; me llevaste a un barrio lejano en un autobús público, entramos a unos billares de los que no me acuerdo el nombre; pediste que te alistaran una mesa y me preguntaste: “¿Qué te gusta jugar?”. Bola negra, te dije. Jugamos siete partidos y los siete me los ganaste sin dificultad. Cuando metiste la bola negra en el último juego me dijiste: “Mira si has perdido tu tiempo, le robaste a tu propia hermana, descuidaste tus estudios… y ni siquiera juegas bien”. Pusiste el taco en la pared y te fuiste. Tuvieron que limpiar con un trapo las lágrimas que boté aquella tarde y no hubo trapo que limpiara en mi interior la lección que me dejaste. Cuando me tocó crecer físicamente lo hice mucho más que vos. Yo llegué al metro noventa y cuatro; vos te quedaste en tu metro sesenta y nueve. Que con los años fue disminuyendo. A pesar de la diferencia, siempre te vi para arriba, porque para mí no había nadie en el mundo más grande que vos. Te sorprendí viejo en aquel juego de futbol, hace apenas unos años, cuando detuviste la chamusca y me llamaste la atención enfrente de todos y me dijiste: “Sé que en este deporte los pases en profundidad se ponen metros adelante del jugador y en diagonal… pero yo tengo 70 años, cabrón, a mí ponémela en las patas”. Hace apenas cuatro años, a tus 71, andabas de mochilero recorriendo Europa, haciendo safaris en las tieras más escondidas de África o viajando cada fin de semana con mi madre a cualquier lugar. Igual un palacio, igual un puesto de comida sacudiendo moscas en la carretera. Jamás te quejabas y te sorprendías por todo. ¿Habrá manera más feliz de vivir? Te extrañé mucho cuando me fui a México, pero siempre supiste que este oficio fue todo culpa tuya, que vos me pusiste la primera guitarra en las manos y me enseñaste los primeros acordes con aquellas cuerdas de metal que ampollaban mis dedos de niño de 7 años. Hoy, mi biografía es un rosario exhibicionista de logros, tengo lo que no llegué a soñar nunca y, a pesar de todo eso, cada vez que despierto en las mañanas pido al cielo que me permita ser por lo menos solo un poquito como vos. Alguien decide las llegadas y las partidas en esta obra de teatro que se nos otorga solo por un ratito. “Desde el parto ya compartimos la epidemia… de este síndrome de la caducidad”. Sentado en tu lecho de enfermo, tomo tu mano y apenas siento vestigios de la fuerza que ostentaste siempre. No estoy seguro si entendés lo que te digo, pero tus ojos me dicen claramente que sabés a ciencia cierta que tenés contigo mi amor indescriptible, mi admiración y mi profundo respeto. A tu lado inamovible, ese roble de vitalidad y solidaridad que escogiste como tu compañera de toda la vida, la Mimi, mientras la Ingue y la Vero multiplicándose para que no te haga falta una gota de vida a donde quiera que se consiga. Hace 75 años, el mundo fue mejor lugar desde que lo poblaste; hoy, seguro vas como a convertir en un mejor lugar a donde quiera que vayas. El otro día que a mí me toque, espero encontrarme al mismo ángel sin vocación, para sobornarlo de nuevo a cualquier precio y me dé la posibilidad de volverme a encontrar contigo, donde quiera que sea. Te amaré siempre. Tu hijo, Ricardo Arjona.


