La enfermedad de Luis...



Luis es un joven de 39 años, ingeniero en sistemas, prodigio de la programación. Por varios años trabajo en Baker Hughes, importante empresa transnacional, allí desarrollo varios sistemas que actualmente están siendo utilizados por transnacionales en el mundo entero. Inteligente y con un futuro asegurado, era valioso activo para cualquier empresa. A sus 29años comenzó a padecer graves y extrañas enfermedades. Situación que hizo retirarse del trabajo para poder concentrarse en su salud.  

Diez años después las sombras se acentúan como nunca en su demacrado rostro, es usual escucharle quejarse de sus intensos dolores de hueso, dice sentir como dagas se clavan en la parte baja de su espalda. Su cuerpo esquelético demuestra años de lucha con su rara enfermedad. Su rostro dice claramente quien esta venciendo. Su voluntad decrece con el paso de cada día, dice comer para mantenerse vivo, más no por sentir asomos de apetito. Su cuarto, un oscuro lugar lleno de marcas que recuerdan en todo momento al protagonista y rey del lugar, la enfermedad. Olores, objetos, sentimientos, despiertan en mi sensaciones de estar más en un hospital que a un “dulce hogar”.  

Alli vemos a Luis, acostado en su cama tomando cocteles interminables de medicinas para aliviar sus fuertes dolores. A su lado sentado en la butaca me encuentro yo, la muerte, eterno trabajador. Un empleado mas de este lado de la línea. Luis se la pasa pensando en mí, sé que me teme, a veces se pregunta si pronto lo visitaré, hay momentos en que desea intensamente que lo visite. Luis siente que su vida no posee ningún valor, sus diarios dolores no lo dejan ver más allá de su cuerpo. Desafortunadamente -más para él que para mí- todos esos dolores tienen un solo origen… su mente. Luis es hipocondriaco y lamentablemente –para él- todavía faltan muchos años para vernos cara a cara…


Andres Marquina

Sobreperfumado


Suena el despertador, mi mano derecha se dirige al origen de dicho sonido y mi dedo pulgar presiona la tecla de pausar. Luego de repetir por cuarta vez este proceso decido estirar mi cuerpo y obligarme a levantar. El reloj marca las 7:20am. Es el primogénito día de la semana, comienzo mi ritual de todas las mañanas, descargo mi bolsa urinaria, un baño con agua caliente, cepillar de dientes, planchar la ropa que me pondré, vestirme y desayunar.

El reloj marca las 8:10am. Salgo del apartamento. Presiono el botón del ascensor. Al abrir la puerta veo una cara familiar, es la Sra. Rincón, vecina del 5to piso, tiene unos 60 y muchos años, divorciada tres veces, su voluptuoso copete delata su suspensión del tiempo en su época dorada, finales de los 60. Al entrar al ascensor, la mezcla de olores entre la laca y Channel No5 –perfume de vieja por antonomasia- inundan misma. Ya llegar a planta baja, mi nariz comienza a quejarse por tan impregnante olor.

El reloj marca las 8:30am, reunión con un cliente. Espero en el lobby de la empresa y llega El sr. Buscaglia, administrador de la empresa, un italiano de unos 40 años de edad me da un fuerte y energético abrazo. Inmediatamente mi nariz vuelve a quejarse en esta ocasión por el penetrante aroma a Azaro que el traje expelía como gritos de neonato. Como era de esperarse comenzó una serie de estornudos continuos por un lapso de 10min. Al salir de dicha reunión y con la nariz aun goteando cual llave desajustada me dirijo hacia la agencia. Al llegar realizo unas llamadas, envió unos correos, etc. Al poco tiempo noto un olor extraño en la oficina, comienzo a buscar con mi nariz el origen de dicho olor y descubro que Yibisenia –la señora encargada de la limpieza, vaya nombre ah!- no se le ocurrió la mejor idea que mezclar en el agua del lampazo cloro, desinfectante con olor a parchita, Ajax y Pinolin. La agónica sinfonía de olores ocasiono protestas, disturbios y violencia nasal.

Después de tanto alboroto odorífero decido ir al gimnasio para quemar los remordimientos liposos del cuerpo y relajarme un rato. Al comenzar mi rutina de cardio absorbo un olor a Carolina Herrera 212, pues nada la chica que tenia al lado estaba bañada no en sudor, si no en perfume… El estrés del día reventó ese momento y dije en voz alta: quien cajaro se echa perfume para ir al gimnasio!!! Apague la caminadora y me fui del gimnasio con dolor de cabeza.

Termine mi día oliendo a Channel No5, Azaro, Pinolin, Carolina Herrera 212, Ajax, desinfectante a parchita y cloro.

Existe en el mundo una casta llamada los “sobreperfumados”. Personas que les encantan los olores fuertes. Compran perfumes cada 2 meses. Sin importar el momento o la ocasión se inundan de perfume. Gimnasios, piscinas, playas, no importa el lugar que este esté siempre están llenos de perfume. Los comparo con ese olor a Vick Vaporu que nos recuerda muchas abuelas.

Fooo...


Andres Marquina